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Posts Tagged ‘Patrimonio’

Hace tan solo un par de meses escribí sobre una noticia que me sobrecogió por lo disparatado del asunto que en ella se anunciaba y por la ignorancia e incultura que demuestra esta sociedad “moderna”, en que prevalece, si no existe ya únicamente, lo “eficiente”, entendido como tal todo aquello que da fruto material.

En aquella ocasión expuse la idea sobre la falta de respeto al trabajo ajeno, más cuando se trata de algo tan opinable como resulta ser la Arquitectura.

Entonces era la intención de derribar un edificio de Frank Lloyd Wright y lo comparaba con el despropósito llevado al mismo término con la “Pagoda” de D. Miguel Fisac. Y digo “entonces era” porque felizmente conseguimos detener tan burda maniobra con el apoyo numerosísimo de muchas personas sensibles con aquellas pequeñas cosas que no son tan “eficientes” porque no se ve su “rentabilidad” material.

Hoy en día esta misma sociedad, tan plena de derechos como carente de valores, se encuentra en una de las peores crisis que hemos conocido desde varias generaciones., pero crisis ¿de qué?…

…económica, indudablemente diría cualquiera, pero no menos cierto que es el reflejo de la crisis de valores y falta de respeto que existe debido a la facilidad con que hoy en día se prescinde de todo aquello que se considera mayoritariamente “obsoleto”.

Obsoleto, no tanto por inservible como por no corresponderse con los patrones dictados por las modas. ¿Y quién dicta e impone las “modas”? Los mismos que se benefician de ellas.

No ver esto o sorprenderse por ello sería de una ingenuidad enorme, pero no por ello está de más reflexionar sobre sus razones y consecuencias.

La facilidad con que hasta hoy hemos accedido a todo tipo de “comodidades” que, más que satisfacer nuestras necesidades, cumplen y deleitan nuestros egos y ocultan nuestras frustraciones personales, es una de las principales causas que subyacen en el fondo del asunto: la trivialidad de las cosas y el desprecio por las ideas.

Ideas que parecen inútiles porque no alcanzan a representar, ni mucho menos a cubrir, nuestras expectativas a corto plazo.

E introduzco esta pequeña reflexión porque debemos ser conscientes de que la situación actual no es tanto por la malversación de recursos y usurpación por unos pocos de los bienes ajenos sino porque no hemos sabido inculcar los principios básicos de la convivencia: respeto por lo ajeno y esfuerzo para conquistar nuestros derechos, entre ellos el derecho a conservarlos. Sí, porque los derechos se conquistan y además conllevan implícitas obligaciones.

Se recoge lo que se siembra y cultiva…y por lo visto hemos sembrado muy mal y hemos cuidado muy poco de ello.

Esto viene al caso hoy que tanto se habla de rehabilitación, regeneración, eficiencia energética… y existe incluso en proyecto una ley que la regule con la loable intención de promoverla.

Creo que debemos comenzar por una elemental regeneración social. Recuperar, por abandonados, los valores que nuestros antepasados nos inculcaron y que tanto les costó conquistar y conservar. Nosotros simplemente los recibimos y no hemos sabido siquiera mantenerlos. ¿Por qué? Porque no nos costaron apenas nada…¿esfuerzo?…ninguno.

Cuando uno dedica su vida a alcanzar un objetivo, de la naturaleza que sea, se desvive por conservarlo. Es por ello que tenemos responsabilidad moral infinita en conservar lo que ellos antepasados nos han reglado…por respeto y en homenaje a su esfuerzo.

Se ha perdido el valor del estilo, algo que requiere tiempo, y ha sido reemplazado por algo inmediato y fugaz, la moda.

El estilo germina sobre los posos de la cultura, la moda es el vapor de la cultura.

La rehabilitación no puede plantearse solo y por principio en la concatenación de actuaciones sobre las construcciones encaminadas a la mejora de las mismas. Hemos de plantearla con mayor ambición. Con el objetivo de regenerar las ciudades como un todo, en su conjunto, en el que todas sus partes sean sanas. Y esto se hace en el tiempo, sobre la base de lo ya existente, creando estilo. Mejorándolo o renovándolo.

Pero el crecimiento desmesurado de las ciudades ha sido injustificado por costoso, desproporcionado, e insostenible. Hemos construido edificios mejor aislados y con mejores instalaciones (ciertamente casi nunca más bellos) a costa de una mayor inversión pero como partes de las mismas ciudades, cada vez más extensas y más ineficaces. Como si renováramos todos los vehículos pero circuláramos con ellos por las carreteras de hace cincuenta años y con peor educación.

Ha conllevado el abandono y despreocupación sobre lo que tantos años llevó levantar y, por tanto, el coste añadido de su recuperación hoy.

¿Entonces por qué derribar edificios que, como mínimo, son útiles, aun cuando requieran de una intervención parcial que permita actualizarlos? Y en el fondo de todo ello, ¿por qué esa falta de respeto al trabajo de otros?

Generalmente la respuesta a ello es muy simple: por rentabilidad y aprovechamiento del terreno en que se encuentran. Es decir, un vez más los criterios de sostenibilidad se supeditan a los económicos. Especulación.

Parece que nos encontramos es un punto de inflexión en todo este asunto, por lo que es necesario que cualquier iniciativa pública encaminada a fomentar estos criterios sea valiente, aun cuando signifique ello la postergación de otro tipo de intereses. El beneficio de un gran proyecto no se recoge a corto plazo. La inmediatez del éxito acorta su dimensión.

No se trata tanto de leyes proteccionistas sino de normas y costumbres educadoras. Las leyes que regulen la regeneración de nuestras ciudades deben animar a cuidar de ellas y  a mejorarlas y deben impedir el derribo caprichoso de lo que aún pueda ser útil, sin más. Pues gran parte del beneficio se recogerá en formas difícilmente mesurables pero transcendentes y necesarias para la salud y la felicidad: seguridad, responsabilidad, respeto, higiene, patrimonio cultural…

En medios viciados difícilmente pueden desarrollarse civilizaciones verdaderamente cultas e individuos ignorantes e irrespetuosos inverosímilmente pueden originar entornos sanos. La música, la filosofía, las lenguas clásicas…esas proscritas de la enseñanza actual que han movido el mundo desde siempre. Que enseñan a pensar (que fatalidad para aquellos que nos miran por encima del hombro) y cultivan la sensibilidad.

Mejores personas para mejores ciudades. Empecemos por las personas.

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